La Plaza Mayor de San José: espacio central por y para el barrio

En el año 1973, últimos años de la dictadura franquista y de ayuntamientos no elegidos democráticamente, un grupo de gente muy diversa se empezó a reunir en el barrio de San José de Zaragoza para mejorar sus precarias condiciones de vida.

San José había sido tradicionalmente un territorio aislado de la ciudad y compuesto principalmente de huertas, que obtenían agua de las numerosas acequias que pasaban por el barrio derivadas del río Huerva y del Canal Imperial. Esta presencia de acequias fue aprovechada por la industria que comenzó a crecer en la zona a finales del siglo XIX, y a mitad del siglo XX San José contaba con una población principalmente obrera, recientemente migrada de áreas rurales de Aragón, que trabajaba en las mismas fábricas que se habían instalado en el barrio.

La población de San José vivía en casas edificadas entre las fábricas, y que fueron construidas en un contexto de especulación feroz e impunidad. Debido a la ausencia de planes urbanísticos definidos, las casas eran sumamente precarias, y la mayoría de las calles eran de tierra sin asfaltar y carecían de alumbrado nocturno. En realidad, en los años 50 y 60 era obligatorio por ley asfaltar al edificar, pero las empresas constructoras no lo hacían, pues era un tiempo de total corrupción y se perseguía más bien a quien lo denunciaba.

Es por esto que los vecinos y vecinas de San José, en un momento en el que todavía era ilegal asociarse, comenzaron a trabajar organizadamente a través de la Asociación de Vecinos de San José por alcanzar mejoras necesarias en el barrio. Exigieron, entre otras demandas, centros educativos, servicios sanitarios, zonas verdes, alumbrado y asfaltado en las calles, centros culturales y un sistema de transporte público. Pese a que sus actos eran prohibidos con frecuencia y sufrían la represión política y civil, pronto comenzaron a conseguir importantes logros en varios de estos sectores. Ya en 1985, tras varios años de democracia y de organización vecinal reivindicativa, eran muchas las mejoras que la Asociación había conseguido para el barrio.

En ese momento, entre las calles Raquel Meller y Pablo Remacha había un solar amplio, de 10.000 metros cuadrados, vacío y polvoriento, que se utilizaba para aparcamiento de camiones. El ayuntamiento había decidido que en él se edificasen bloques de viviendas. La Asociación de Vecinos se puso entonces manos a la obra para lograr que ese solar fuera la Plaza Mayor del Barrio, y hasta se propuso que ese fuera su nombre.

La dinámica fue parecida a la seguida en otras grandes reivindicaciones de San José. Se creó un grupo estable de vecinos de la zona para que colaborasen en todo tipo de trabajos: asambleas, ocupaciones de terrenos, murales, manifestaciones, y también en un boceto de proyecto que confeccionó el arquitecto de la asociación. Sin embargo, el Ayuntamiento no aceptó que se hiciera un proyecto diseñado por los vecinos. La Asociación no se desanimó, pues había muchas otras cosas por lograr: en primer lugar, que no se edificasen nuevas viviendas, y en segundo lugar, que se construyese un Centro Cultural y que el resto de terreno se dedicase a la plaza. Eso sí se consiguió, aunque no fue hasta 1998 que el Centro Cultural abrió sus puertos.

Las reuniones para conseguir este nuevo espacio para San José tuvieron lugar principalmente en la Parroquia de San Agustín, y en ellas se configuraron estrategias como la plantación de árboles en aquellos terrenos, que eran tan duros que fue necesaria maquinaria para hacer los hoyos. Algunos árboles crecieron, y un gran pino destacaba solo, en medio del solar, pareciendo durante muchos años la voz viva de los vecinos reclamando la transformación de la plaza.

También se hicieron fiestas y actos lúdicos reivindicativos, y un vecino llegó a colgar, después de escalar por la pared del ambulatorio, una pancarta gigante de diez metros de largo por cinco de ancho. No duró mucho tiempo, pero animó el espíritu del barrio, que mantuvo constantes sus reivindicaciones hasta que lograr que la corporación municipal aprobase y adjudicase las obras de la plaza y el Centro Cultural. Esto se consiguió a comienzos de los años 90, e incluso se logró que el ayuntamiento permitiese que la Asociación colaborase con el arquitecto municipal encargado del proyecto, que asistió a muchas reuniones en el barrio con una gran voluntad de escucha y diálogo.

Sin embargo, hubo en 1995 un cambio político en el ayuntamiento, y el nuevo consistorio modificó el proyecto ya pensado y diseñado por los vecinos, suprimiendo un paseo de sombra que debía recorrer, con columnas y un emparrado, todo lo largo del muro. Además, se suprimió el diseño de entrada que debía tener la plaza por Puente del Virrey y se modificó la fachada que debía tener el Centro Cultural, e incluso afirmaron que el color violeta pensado para los bancos debía cambiarse por “ser un color erótico”.

La construcción de la Plaza Mayor para el barrio fue, por tanto, un gran logro para los vecinos con una nota agridulce final debido al desprecio a su participación por parte del ayuntamiento. El Centro Cívico abrió sus puertas en 1998, y fue nombrado en honor a Teodoro Sánchez Punter, en honor al cura de la Parroquia de San Agustín en la que la estrategia para conseguir este gran logro vecinal fue concebida, organizada y desarrollada.

Ubicación: Zaragoza, España
Categoría:
Urbanismo, Cultura
Logro de: 
AAVV San José
Publicación:
Nicolás Chancellor
Placa: 
no instalada


Enlaces de interés: 

AAVV San José
Centro Cívico Teodoro Sánchez Punter

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