La fábrica Aymerich, Amat i Jover, del derribo inminente a equipamiento ejemplar

Cualquiera que visite hoy la sede central del MNACTEC (Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya) en Terrassa quedará maravillado no solo por el excelente contenido del museo, sino también por el magnífico edificio que lo alberga, un ejemplo único de arquitectura industrial del modernismo.

El arquitecto Lluís Muncunill (Fals 1892 – Terrassa 1931) fue autor de gran cantidad de edificios públicos, fábricas y naves industriales, almacenes, viviendas suntuosas, viviendas populares y obras públicas, todo ello en Terrassa, donde fue arquitecto municipal y el profesional preferido de la burguesía industrial terrassense, una buguesía ilustrada que sale reforzada socialmente de la confrontación con la clase obrera al fracasar la huelga de 1902 y que, gracias a sus raíces culturales, hizo posible el desarrollo de la arquitectura de Lluís Muncunill. Con la excepción de algunos edificios eclécticos, su arquitectura, a diferencia de tantos edificios plagados de ornamentación del movimiento modernista, se caracteriza por la escasez de ornamentación y una austeridad de medios ejemplar. Gran riqueza formal, sí, pero muy purista y con escasa y muy comedida ornamentación.

Y como no podría ser de otra manera, es en la arquitectura industrial donde este purismo y esta austeridad de medios mejor se manifiesta, y la fábrica Aymerich, Amat i Jover, construida en 1908, es su mejor exponente. Con solo tres materiales, hierro colado en los pilares, ladrillo en los arcos y bóvedas de la cubierta y vidrio en las aberturas, consigue formar una enorme nave industrial de belleza considerable y con una excelente iluminación natural cenital, adaptando de forma original la tipología de diente de sierra. Las bóvedas están realizadas con el sistema tradicional de ‘volta catalana’, con los ladrillos colocados planos, y son de una original forma parecida a un hiperboloide. El aspecto de la nave vista por encima es el de una enorme superficie ondulante, donde juegan las sombras de unas bóvedas sobre otras. Además de la gran nave, otros cuerpos y la gran chimenea (la fuente de energía inicial de la fábrica, antes de adoptar la electricidad, era el vapor generado con carbón), muestran un interesante tratamiento del ladrillo visto, con piezas redondeadas en todas las esquinas.

De lo que quizás no se percate el visitante de hoy es que este edificio estuvo a punto de derribarse.

Alrededor de 1970 la ciudad de Terrassa vio desaparecer o deteriorarse por abandono gran cantidad de edificios de interés arquitectónico. El declive de la industria textil y la codiciosa presión inmobiliaria, junto al nulo interés de los poderes públicos y económicos por su conservación, alarmaban a los ciudadanos sensibles, que veían caer uno tras otro ejemplos de buena arquitectura. La alarma llegó al grado máximo en 1974, cuando se supo del inminente derribo de la fábrica Aymerich y Amat (así se llamaba entonces) para construir edificios de viviendas, fruto de un Plan Parcial aprobado por el Ayuntamiento.

El Grup d’Arquitectes de Terrassa (GAT), formado por una treintena de jóvenes arquitectos y estudiantes de arquitectura, se puso en marcha. Este colectivo, constituido en 1972 y activo hasta 1978, estuvo realizando innumerables trabajos de incidencia en el hecho urbano en Terrassa, asesorando a asociaciones de vecinos, muy activas en la época, sobre reivindicaciones de los barrios, realizando campañas en defensa de edificios del patrimonio arquitectónico, impugnando atentados urbanísticos de diversos planes parciales, incidiendo en políticas urbanísticas y de vivienda, todo ello en colaboración con asociaciones de vecinos, entidades culturales y los todavía clandestinos partidos políticos y sindicatos.

La campaña ciudadana iniciada por el GAT, junto a las entidades Amics de les Arts i Joventuts Musicals y Òmnium Cultural, contó enseguida con una repercusión sin precedentes. Manifiestos apoyados por diversas entidades culturales, artículos y cartas en la prensa local, evidenciaron que la alarma por la pérdida del patrimonio arquitectónico de la ciudad había llegado a su punto álgido ante la amenaza del derribo de la fábrica Aymerich y Amat. La fábrica debía salvarse.

La campaña culminó en febrero de 1975 con la exposición “La fàbrica Aymerich, Amat i Jover i la recuperació del patrimoni arquitectònic terrassenc” en la sede de Amics de les Arts i Joventuts Musicals, promovida por, además de esta entidad, el GAT y Òmnium Cultural, y con la colaboración del Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares y Basf Española. Como el título de la exposición indica, aunque el motivo era la salvaguarda de la fábrica, se hizo extensiva al conjunto del patrimonio arquitectónico de la ciudad. El contenido eran diversos paneles móviles, para poder reproducir la exposición posteriormente en otros lugares, como así se hizo, con fotografías, planos y documentación urbanística de la fábrica y de otros edificios. El acto central que acompañó a la exposición fue una mesa redonda con diversos profesionales de prestigio relacionados con el patrimonio arquitectónico.

Si ya desde el inicio de la campaña la repercusión fue considerable, a partir de la exposición y de la mesa redonda la salvaguarda de la fábrica fue un clamor popular, traspasando el ámbito local. Visitas organizadas de alumnos de colegios e institutos siguiendo con atención las explicaciones de miembros del GAT, recogida de firmas, más manifiestos, artículos y cartas en la prensa ya no solo local, contribuyeron a que la impugnación del proyecto que preveía el derribo tuviera éxito, no sin largas negociaciones, ya que la anulación definitiva no tuvo lugar hasta 1978.

Es interesante ver los planos de los sucesivos proyectos que presentaba la propiedad para intentar salvar en lo posible la promoción inmobiliaria. A partir del primer proyecto de 1970 que contemplaba la demolición total de la nave, en 1975 se presentaron hasta siete versiones, desde la conservación de una pequeña parte de la nave de forma testimonial hasta ir incrementando sucesivamente la parte a conservar, sin llegar nunca a la conservación total. Por fin, un acuerdo del Pleno del Ayuntamiento en 1978 anuló definitivamente el proyecto. La fábrica Aymerich, Amat i Jover se había salvado.

En años posteriores, gracias a la iniciativa de nuevas asociaciones y bajo la gestión de instituciones democráticas, el edificio fue adquirido por la Generalitat de Catalunya para convertirlo en la sede central del Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya, lo que garantizó su recuperación, rehabilitación y reutilización definitiva.

Ubicación: Terrassa, España
Categoría:
Urbanismo, Cultura
Logro de:
Grup d’Arquitectes de Terrassa
Publicación:
Lluís Rambla
Placa: 
no instalada


Enlaces de interés: 

Vapor Aymerich, Amat i Jover Wiki
Museu Nacional de la Ciencia i la Tècnica de Catalunya

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