Se salva el Mercado Central de Zaragoza
El Mercado de Lanuza, también conocido como el Mercado Central de Zaragoza, se construyó entre 1895 y 1903 para sustituir al principal mercadillo tradicional de la ciudad, que se realizaba desde 1210 al aire libre en la antigua Plaza del Mercado y que ya no alcanzaba a dar cobertura a la creciente población de Zaragoza. Diseñado por Félix Navarro en un estilo modernista, el Mercado Central cumplió desde su inauguración un importantísimo papel en la ciudad, abasteciendo a sus habitantes de productos de cercanía y regulando precios de alimentos de primera necesidad.
El Mercado fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1978 y Bien de Interés Cultural en 1982, y en los años 2018 y 2019 el Ayuntamiento de Zaragoza realizó una rehabilitación completa de su infraestructura para que pudiera seguir cumpliendo su vital función. Sin embargo, pese a su valor social, histórico y cultural, en la segunda mitad del siglo XX se planificó su total derribo para la construcción de una vía que facilitase la penetración del tráfico en el corazón de Zaragoza. Que todavía hoy podamos disfrutar de una de las más importantes piezas del patrimonio histórico la ciudad es gracias a la energía con la que fue defendida por la sociedad civil zaragozana, en un contexto de represión e impunidad políticas que dificultaba enormemente cualquier propuesta reivindicativa popular.

A mitad de siglo XX, la población aragonesa podía encontrar en el Mercado Central casi cualquier producto agrícola de cercanía. En sus puestos se vendía todo lo necesario que los clientes entraban a buscar, e incluso los agricultores que llegaban para vender sus productos a los detallistas realizaban su compra de semillas en los puestos especializados. Era un mundo bullicioso y dinámico, pero que empezaba a entrar en conflicto con los planes urbanísticos trazados por el Ayuntamiento.
Como ocurrió en muchas otras ciudades, el crecimiento demográfico de Zaragoza y la popularización del automóvil propiciaron la llegada de planes urbanísticos que pretendían derribar la histórica infraestructura del Casco Antiguo, con el objetivo de ensanchar calles y abrirlas al tráfico. Estos proyectos estaban ligados a una profunda corrupción política que empezaba a ver en la especulación inmobiliaria una gran oportunidad de negocio, y que en el contexto de represión y autoritarismo de la dictadura era difícil de investigar y denunciar.
Desde comienzos de los años sesenta corría el rumor de que uno de estos planes urbanísticos pondría en peligro el Mercado Central, y las sospechas se confirmaron definitivamente entre 1965 y 1968. Durante estos años, el gobierno municipal anunció sus planes de crear una gran avenida que, arrasando con el Mercado, una escuela y numerosos hogares, conectaría el río Ebro con la Puerta del Carmen, uno de los puntos más céntricos de la ciudad. Esta avenida se denominaría Vía Imperial, y la noticia causó un fuerte rechazo en gran parte de la ciudadanía, que conseguiría frenar el proyecto sin grandes dificultades.
Sin embargo, unos años después, en 1973, se reactivó el Plan Especial de la Vía Imperial, y esta vez se aprobó de forma galopante por el Ministerio de la Vivienda. Antes de que la ciudadanía encontrase una forma de organizarse y oponerse de forma segura a las instituciones y a los intereses especulativos (pues las asociaciones y los partidos políticos estaban prohibidos), se realizó el derribo del histórico colegio Escuelas Pías y de 11 manzanas que eran hogar de numerosas familias humildes del barrio. La escuela y las viviendas eran colindantes con el Mercado, que pasó a ser el único edificio que obstaculizaba la apertura de la gran avenida para el tráfico. A pesar de las dificultades derivadas del clima social y político, la ciudadanía zaragozana se alzó en una reivindicación histórica para salvar su patrimonio y que el Mercado siguiese en pie. Los partidos políticos estaban todavía prohibidos y una Asociación Vecinal era la única vía posible para que la sociedad civil plantease una propuesta reivindicativa de gran impacto, y con ese espíritu nació, en cuanto terminó la dictadura y tras más de dos años intentando legalizarse, la Asociación Vecinal Lanuza-Casco Viejo.

Las primeras reuniones se celebraron clandestinamente en parroquias, antiguos almacenes o en locales prestados, y cuando consiguió legalizarse, la Asociación trabajó activamente con el Justicia de Aragón, los Colegios de Arquitectos, de Abogados y de Aparejadores, la Universidad de Zaragoza, con intelectuales de diferentes sectores y con la Asociación de Detallistas, presidida por Lázaro Soler y que agrupaba a 237 vendedores que llevaban ya varios años trabajando por la protección del Mercado. Puesto que apenas había experiencias de grandes reivindicaciones sociales en democracia, parecía un reto inmenso alinear las fuerzas de protagonistas tan dispares. Sin embargo, las dificultades fueron mínimas: cada entidad asumió su papel y, unidas por un interés común, consiguieron articular una gran campaña bajo el lema «Salvemos al mercado» que contó con 40.000 firmas de vecinos y vecinas de Zaragoza, pidiendo que el edificio del Mercado fuera declarado Monumento Histórico Nacional (hoy Bien de Interés Cultural) y evitar así su derribo. Entre las firmas presentes apareció la de Miguel Merino, en esos momentos alcalde de Zaragoza.

Trascurrieron cinco intensos años, llenos de charlas, debates, artículos de opinión, movilizaciones ciudadanas e instalaciones de pancartas dentro del Mercado y en otros puntos del barrio. Estas acciones reivindicativas, coordinadas principalmente por la Asociación Vecinal y la Asociación de Detallistas, fueron acompañadas de la pega de carteles por toda la ciudad, y el Ayuntamiento de Zaragoza terminó por exigir a las entidades implicadas la formulación de propuestas concretas alternativas al derribo del Mercado y construcción de la Vía Imperial. Animados por el apoyo vecinal y de numerosas instituciones y personalidades ilustres de Zaragoza, los vendedores y vendedoras del Mercado, que en ese momento rondaba los 300 puestos, ofrecieron al Ayuntamiento la remodelación del edificio. Presentaron un proyecto que respetaría la estructura del edificio, y a la vez lo dotaría de mejores servicios e instalaciones para cumplimentar mejor su función comercial. Esta reforma sería financiada por los detallistas en más de un 75%.

En paralelo a la formulación de la propuesta de rehabilitación, la sociedad civil zaragozana consiguió, con las 40.000 firmas de vecinos y vecinas, que el Mercado fuese declarado de Bien de Interés Cultural y de Monumento Nacional en 1978 y 1982 respectivamente. Tales denominaciones, en combinación con el proyecto de remodelación al que se comprometieron los vendedores y vendedoras, consiguieron proteger al Mercado de manera definitiva.

Ubicación: Zaragoza, España
Categoría: Urbanismo, Cultura
Logro de: AAVV Lanuza Casco Viejo, Asociación de Detallistas del Mercado Central
Publicación: Nicolás Chancellor
Placa: no instalada
Enlaces de interés:
AAVV Lanuza Casco Viejo
Mercado Central Wiki